Un tema bastante repetido por estos lugares, pero por alguna razón hoy tuve un revelación. De esas bien tontas, cuando te das cuenta de que siempre tuviste todo frente a ti pero tu cerebro nunca juntó las imágenes y las palabras adecuadas para hacerte entender.
Me encantaba esa recién descubierta relación palillos-mujer, tanto como siempre he odiado a la de escoba-mujer. Pero hoy, por alguna razón sin sentido me fasciné por la ruptura de esa unión entre los palillos y las mujeres. ¡Tenemos que quebrarla alguna vez en nuestras vidas, quizás en múltiples ocasiones!. La cosa es así. Todas y todos nos hacemos una idea desde un momento muy temprano de lo tejeril… la abuelita que teje y cosas así. Lo que es muy bonito y es una aproximación necesaria para la futura interacción entre el tejido y lo femenino. Hasta aquí todo bien. P-E-R-O hay un pequeño problema. Tejer es una actividad maravillosa, nos libera, nos permite demostrar nuestra creatividad y hace que aparezcan objetos casi de la nada, eso lo tenemos claro, tejedoras/es. Sin embargo, y craftivistamente hablando, quedarnos con esta primera concepción inicial es un error horrible. Y la única solución es destruirla inmediatamente.
Según mi amiga Tyra Banks, “fierce” sería la palabra adecuada para describir esta ruptura. Oración que irónicamente acaba de convertirse en el argumento más anti-feminista de la historia, ¡weeepeeeee!. Necesitamos “fiereza” para reencontrarnos nuevamente con el tejido. Somos rudas, sí señor.
Porque no podemos ponernos a hablar de vanguardia, ni ser estilosamente anti-sistema y mucho menos quemar sostenes (en su defecto, tejerlos a crochet) si no creamos nuestras propias visiones. Necesitamos argumentos nuevos, pues cada segundo que pasa, las ideas se hacen más viejas hasta el punto en que pierden vigencia. Debemos adecuar nuestras necesidades al periodo histórico que vivimos.
En toda esta nueva movida de la reivindicación de las manualidades que se está dando en el mundo, liderado por mujeres jóvenes, talentosas y con buenas ideas (lo que se resume en “no-Martha-Stewart”) no es raro notar una actitud bastante punk. Claro, es estiloso, pero va más allá de eso. Yo creo que nadie se imaginó que uno podría sublevarse en contra de las manualidades y crear su propia visión una y otra vez. En algún momento los piratas y calaveras comenzaron a reemplazar a los conejitos, las rosas y los pajaros, ahí las cosas empezaron a desmoronarse y armarse de manera distinta. Porque para poder matar a las manualidades, hay que hacerlo desde adentro.
Los activistas pueden quemar todos los McDonalds que quieran, lanzar todas las molotovs que puedan hacer, pintar todas las focas que puedan encontrar y amarrarse a cada reja del planeta. Pero para matar la esclavizante ideología manualidades=mujeres hay que partir haciendo manualidades. Que loco.
Todas en algún momento de nuestras vidas nos replantareamos nuestra relación con las manualidades, y mientras más feroz sea esta, mejor. Feroz para defendernos y para atacar lo atacable. Feroz para plantar nuestras ideas sobre las que ya llevan décadas dando vuelta. Feroz para hacernos escuchar.
Quienes ven a las manualidades como algo insignificante, quienes encuentran debilidad en la mujer que las práctica sufren una carencia de fiereza casi mortal. Son como pajaritos, y nosotras leonas. Así que no deberíamos avergonzarnos de sus juicios y burlas. Son ellos quienes se encuentran atrapados en las interpretaciones erróneas y en los tradicionalismos sin sentido. Nosotras, como mujeres y tejedoras, como personas capaces de destruir y crear (tanto en nuestras cabezas como con nuestras manos) poseemos muchas ventajas que solo pueden ser conocidas, una vez que se empieza este camino.
Así que quede bien claro: nosotras, las mujeres que tejemos no somos ni debiluchas, ni lloronas, ni sumisas ni tontas. Somos mujeres fuertes, nuestra arma es nuestro cerebro y lo manifestamos con nuestros palillos, somos tan salvajes como cualquier quema-sostenes de por ahí. O incluso más. Grrrrrrrrrrrr.
Lulú triunfa en Hollywood 7:23 p. m.
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