
Los huicholes son una etnia ubicada en el norte mexicano, específicamente en Jalisco y Nayarit.
Son descendientes de los aztecas y poseen una rica tradición chamánica hasta nuestros días.
Debido a su ubicación geográfica, el cultivo de maíz y la agricultura en general, se hace muy difícil. Es por eso que constantemente realizan ceremonias, pidiéndoles a las fuerzas de la naturaleza que intervengan a su favor.
Una de las maneras que tienen de conectarse con la divinidad es a través del consumo del peyote. Cada año, antes de iniciar la ceremonia para traer la lluvia, realizan una peregrinación a Wirikuta, lugar donde encuentran este cactus en su estado natural.
Tanto jóvenes como ancianos lo consumen, y es el chamán quien los guía en su trance. Los huicholes entonces, alcanzan un estado mental que va más allá de sus limitaciones sensoriales, desde donde se comunican con sus dioses y antepasados. Ven la historia de su pueblo desde sus inicios, la que plasman impresionantemente en su arte.
Sus obras son muy detalladas, poseen muchos colores e intrincados diseños geométricos.
Su arte es un documento histórico, no solo de su historia “física”, sino también de la que han visto en sus trances durante toda su existencia.En lugar de utilizar pinturas para realizar sus cuadros y pintar sus objetos y esculturas, usan hilos de colores y mostacillas.
Las vasijas con mostacillas (jicaras en español, rakure en huichol) se hacen cubriendo con cera de abeja un pote hecho con calabazas secas, para luego ir pegando una a una las mostacillas.
Con esta misma técnica también se realizan esculturas que representen a sus figuras divinas, como ciervos, la luna, el sol, el peyote, el maíz, y la serpiente, entre otros. Estos objetos van más allá de lo decorativo, son verdaderos instrumentos que los conectan con lo espiritual: máscaras para representar a un dios, platos para ofrendas, amuletos, etc.
Por ejemplo, las vasijas decoradas con un color y un motivo particular son utilizadas para conectarse con el dios que esos elementos representan. Así, durante la ceremonia, cuando se bebe agua de ella se está compartiendo ese sorbo con el dios.
Lamentablemente lo tradicional de este arte se ha ido perdiendo poco a poco. Quienes aprenden el arte ocupan gran parte de su tiempo en crear objetos como souvenir y ya no como objetos espirituales. En los puestos de artesanías se pueden comprar joyas, pinturas de hilo, cabezas de tigre, platos y vasijas, todas cosas que quedaran relevadas como un objeto decorativo en alguna casa muy lejos de aquel lugar.
Estos artistas sienten que su trabajo se ha ido devaluando, pues quienes los están adquiriendo no valoran su aspecto sagrado y lo están convirtiendo en meros recuerdos de viajes o regalos para salir del compromiso con quienes se quedan en casa.
Y ando menstrual. Y cuando ando así es una lata y nunca termino correctamente lo que empiezo. Como ahora. Quizás más adelante ponga todo lo que quería mostrar. En fin.

Acá está el patrón para realizar flores con cristales Swarovski. Se necesitan 4 cristales redondos de 4mm para la base (también se pueden utilizar tupíes. En la foto el verde tiene tupíes y el rojo bolitas) y 4 tupíes para la parte de arriba. Además 5 mostacillas y un metro de hilo de nylon.

2. En un extremo del hilo ensarta un tupí y una mostacilla, en el otro, solo pon un tupí. Luego pasas ese extremo del hilo por la parte de arriba de la mostacilla. Tensa el hilo y enfila un tupí en cada extremo.
3.Enfila el extremo derecho por la derecha del cristal superior. Luego haz lo mismo con el de la izquierda, pasándolo obviamente por el lado izquierdo de dicho cristal. Tira los hilos.
Y listo, ya tienes hecha tu flor. Para darle más firmeza y rematar continúa insertando los extremos en las mostacillas y cristales de la base, y cuando se encuentren, haz un nudo.
Esto puedes montarlo en una base para aros, o utilizarlo para hacer anillos.
Desde hace siglos que las mujeres cosen, hilan, bordan, tiñen, recortan, pegan y tejen. En un principio eran tradiciones para suplir necesidades básicas. Afuera estaba helado y la guagua tenía frío, había que abrigarla. Los niños iban a la escuela y el marido a trabajar, había que vestirlos.
Pronto se convirtió en parte fundamental de la vida de las féminas. Era común ver distintas generaciones bordando en un mismo salón, compartiendo sus técnicas, materiales y una taza de té. Estas reuniones se convirtieron en una importante instancia de socialización, donde las mujeres estaban unidas por más que una hebra de lana. Abuelas, madres e hijas conversaban y aprendían, traspasaban la historia familiar de generación en generación.
Luego vinieron innumerables guerras. Los hombres partieron al campo de batalla. Algunas mujeres fueron a las fábricas, otras a los hospitales. Y muchas se quedaron en casa. Éstas últimas, que a simple vista parecían no hacer nada, pasaban eternas tardes pensando en sus esposos o hijos, confeccionando distintos objetos con sus propias manos, ya sea para enviárselas a las tropas o para suplir lo que no podían comprar para el hogar.
Y así, casi de repente, llega una revolución. Aparecen los sostenes en llamas y el vello corporal. Oleadas de feministas rebelándose contra el patriarcado y toda vinculación con el esclavizante mundo de la dueña de casa.
Las tareas hogareñas parecían ser un castigo que nos mantenían siempre al margen de la sociedad. Había que negarse entonces, a vivir la vida de la cocina.
¿Cómo se explica esta repentina valoración de las manualidades?. Hacerte tu propia ropa ha dejado de se algo de “abuelitas”, reminiscencia de tiempos pasados. Hoy es lo más top que puedes hacer. Completamente hipster.
Y se debe precisamente, porque más que esclavizarte, hacer las cosas con tus propias manos reivindica tu autosuficiencia.
En todo el mundo hombres y mujeres se reúnen a tejer, o a pintar, o a escribir. Hombres y mujeres jóvenes, educados y liberales en actitud punk-rock. Craftivistas. Las manualidades se convierten en un asunto político, y por sobretodo, feminista.
¿Debería avergonzarte hacer algo que siempre ha estado relacionado con lo femenino? En absoluto. Porque te hace libre. Más libre que aquellos hombres y mujeres que menosprecian o temen de lo femenino. Ser hombre debe ser genial, pero ser mujer es igual de fantástico.
Si comparamos las manualidades con lo que podemos comprar en una tienda no hay donde perderse. No hay niños pakistaníes de 10 años, tuberculosos y encerrados en una caja de cemento, te ahorras dinero (¡que puedes invertir en aún más manualidades!), aprendes a valorar el costo humano y económico de las cosas, no eres parte del ciclo empresario monstruoso – comercial con la ultima canción en francés de moda – tienda – tarjeta de crédito – tú, y estás siendo totalmente única.
O único. Porque si bien las manualidades son efectivamente algo “femenino” no quiere decir que los hombres quedan excluidos de la maravillosa dicha que es darle forma a algo a través de nuestras propias capacidades. Y así como animo a todas las mujeres a tomar sus palillos (o agujas, brochas, papeles, taladros, lo que sea) y salir a la calle a craftear orgullosas, aliento a los hombres a que salgan y hagan lo mismo: luzcan orgullosos sus creaciones.
La próxima vez que alguien me diga que parezco abuela, o dueña de casa, o feminista o perra, no me ofenderé, es más, me sentiré orgullosa, porque no los considero términos negativos. Considerando la historia y mis propias vivencias, sé que así son las cosas, y creo estar haciéndolas bien.

Liza Lou es una artista nacida en Nueva York. Desde que en el año 1991 entró por primera vez a una tienda de mostacillas, se dio cuenta de que podrían servirle como complemento a su pintura. Pero pronto fueron éstas quienes se apodararon del rol principal, para crear instalaciones verdaderamente sorprendentes (extraordinariamente notable, en lenguaje 2005).
En sus dos instalaciones -Kitchen y Backyard- absolutamente todo está hecho de mostacillas. El agua que sale de una llave abierta, el pie dentro del horno, los platos e incluso las más de 250.000 hojas de pasto que componen el jardín. Todo hecho a mano.

Su obra es una representación del "Sueño Americano" y la cultura popular, que a simple vista parecen temas superficiales. Pero es en el minucioso trabajo de enfilar mostacilla por mostacilla durante años para recrear una simple imagen doméstica, donde se encuentra el significado de sus creaciones. El hecho de crear arte a través de un medio poco convencional y muy "fémenino" sirve para dar inicio a discusiones sobre el rol de la mujer en la cultura occidental, conviertiendo así la existencia mundana de una dueña de casa en una acción de arte, donde cada detalle -una hoja de diario, un plato sucio- se hace importante.

En ambas instalaciones los objetos se hacen al ensartar las mostacillas en alambres que luego son enrollados en la base de estos objetos, fabricada con papel maché.

Otra de sus instalaciones es Star-Spangled Presidents, que presenta retratos en blanco y negro de los 42 presidentes estadounidenses, todo hecho con mostacillas. Nuevamente sirve como medio de expresión para sus ideas sobre el género femenino y la cultura material, pues resulta gracioso ver a importantes hombres de política retratados con brillantes mostacillas.

Ya lo mencioné anteriormente. Las manualidades son mucho más que una actividad para pasar el rato. Desde los inicios de la humanidad, lo que el hombre hace con sus manos es la más importante herramienta de civilización. Un cántaro de greda puede narrarnos como vivía el hombre cuando éste fue elaborado, a través de un tejido aprendemos la ideología religiosa de una cultura determinada. Así mismo, una herramienta de caza puede darnos indicios de cómo un pueblo se desenvolvía en su territorio, y una pequeña figura tallada en piedra puede mostrarnos toda nuestra evolución. Así de simple.
En nuestros días en muy pocas ocasiones nos damos cuenta de la importancia de lo que construimos con nuestras manos. Desarrollar cualquier tipo de manualidad es una actividad subvalorada en nuestras ciudades, menospreciada por aquellos que le dan más valor a lo que su dinero puede comprar, ultrajada por los ignorantes machos recios. El hecho de ser considerada una actividad “femenina” parece desvalorarla frente a actividades de índole “masculina”. La abuelita teje cuando le da el tiempo, pero el tiempo para que el abuelo lea el diario no se vulnera jamás.
Imagina por ejemplo, tejer una bufanda. Punto por punto, es tu historia la que se va impregnando en la lana. Una vez terminada, aquella bufanda se convierte en un documento histórico inigualable. Y cuando le regalas ese objeto a alguien, parte de ti también viaja en el envoltorio. ¿Con solo pensar que con un pedazo tejido de lana estarás abrigando a alguien, entibiando el frío, eso no rockea tu mundo? Suena cliché, pero la da mil patadas a cualquier slogan publicitario.


El “craftivismo” surge como una forma de activismo manifestado a través de las manualidades. Say What? Para esos que ven a las manualidades como algo exclusivo de las mujeres, mujeres que ya han pasado por años la mitad de sus vidas, les es muy difícil imaginarse que a través de un bordado, un tejido o la pintura en cerámica se pueda ser efectivamente “activista”.
Pocos son los que pueden visualizar en algo hecho con las propias manos un arma potente contra el materialismo, un instrumento para elogiar el ecosistema o una herramienta social y creativa. Y es que si nos ponemos a pensar en los conejitos con piel de panty de las revistas, en los arreglos con flores sintéticas y los mismos motivos pintados en los mismos platos una y otra vez, no encontramos acciones subversivas en ningún lado. Dicho en otras palabras, Martha Stewart con unas tijeras en sus manos resulta tan peligrosa para el establishment social como un gomero. De plástico.
La cultura DIY, hazlo tú mismo, ha servido estrechamente al activismo durante años. Dejar de consumir lo que ya está hecho o inventar lo que no existe es el primer paso de insurrección contra lo establecido, actuando muchas veces de manera espontánea, fluyendo naturalmente de nuestra propia creatividad, sin que nos percatemos de ello.
-Lo hice yo
Sea cual sea la manera de protestar y disentir que elijas, ser craftivista siempre servirá de algo. No erradicarás la pobreza en África, pero cada vez que haces algo con tus manos alguien se beneficia y tú habrás logrado expresarte a favor de tu causa favorita de una manera que es imposible que no sea escuchada.

Se utiliza la técnica peyote, forrand0 una bola de madera.